www.cuentacuentosluna.es --CUENTA CUENTOS LUNA-- luna@cuentacuentosluna.es

=========================

-------------------------------------------

DICIEMBRE 09

-------------------------------------------

==========================



-- LA GRAN PLUMA BLANCA --

Enla cumbre de un montaña, vive un águila que tiene tanta fuerza, que puede volar muy alto y muy rápido. Como nunca encontró a nadie allá arriba, estaba orgullosa de ser la única capaz de tal proeza.
 
Un día sintió un pequeño dolor dentro del pecho. Dejó de volar y planeó en las alturas, donde los árboles se ven como tú ves el pasto cuando miras hacia abajo. Aunque mucho meditó, no supo qué le causaba esa molestia. Así que apenas se le pasó, continuó su poderoso vuelo.
 
Con el tiempo el dolor volvía con más frecuencia y sin que se diera cuenta, porque eran muy pocas, perdió algunas plumas que el viento desparramó por todas partes.

 
En el bosque, sobre una rama, una ardilla estaba pelando una nuez para comerla cuando vio una gran pluma blanca que caía despacito. Dejó la nuez en el hueco del árbol donde vive y bajó a recogerla.
 
Nunca había visto una pluma tan grande. Mientras mordisqueaba la nuez pensaba a qué pájaro habría pertenecido. Entonces escuchó un hermoso canto y encontró al jilguero en una rama cercana.
 
-Jilguero, ¿sabes qué animal tiene plumas como ésta?
 
-No ardilla, no lo sé. Pero por el tamaño, ninguno del
bosque. Ha de ser de un ave mayor, de esas que viven muy lejos.
 
-¿Y a ti jilguero, se te caen las plumas?
 
-Sólo cuando estoy enfermo.
 
La ardilla se quedó callada y como el pájaro la vio muy preocupada, al fin le propuso:
 
-El que puede contestarte es el viejo búho que todo lo sabe –y le dijo dónde vive.
 
Después de una siesta en que no descansó muy bien, la ardilla decidió visitar al búho y se fue por el bosque saltando de rama en rama o corriendo sobre las hojas secas. 
 
Llegó hasta el árbol alto y añejo, al que ya le quedan muy pocas ramas y miró el agujero donde vive el búho. Sería difícil subir hasta allá con la pluma.
 
La ardilla trepaba a una rama y estudiaba la siguiente. Así se fue acercando al agujero. Cuando creyó que podía alcanzarlo, hizo un salto tan peligroso, que quedó sorprendida de haber caído adentro.
 
Más sorprendido despertó el búho. Nunca en su larga vida lo habían asustado tanto.
 
¡Pobre ardilla! Fue torrencialmente rezongada y a todo asentía de cabeza gacha, casi llorando. Más le habría dicho el búho todavía si la pluma no le hubiera llamado la atención. 
 
-¿Y bien, a qué has venido?
 
-Yo, quiero, hacerle, una, pregunta -lagrimeó la ardilla.
 
-¿Prometes que si te respondo UNA pregunta te irás y no volverás a molestarme? -se aseguró el que todo lo sabe.
 
-¡Sí, prometo!, -dijo la ardilla volviéndole el alma al cuerpo.
 
-¿Dónde está el pájaro al que pertenecía esta pluma?
 
-¡Ningún pájaro! El águila blanca está donde vive: en la cumbre de la montaña. 
 
-¡Oh!, ¿y cómo voy a llegar hasta allí? -se le escapó a la ardilla.
 
-¡Prometiste irte si respondía UNA pregunta! ¡Yo he cumplido, tú no! –Y el búho cerró los ojos, porque para él era muy temprano para estar despierto.
 
A la mañana siguiente la ardilla sostenía una nuez sin pelarla. El jilguero que venía a regalarle su canto, notó que seguía preocupada.
 
-¿Qué te ocurre amiga?
 
La ardilla le contó lo bueno y lo malo de su visita al búho.
 
-¿Te das cuenta jilguero?, el águila blanca está sola y enferma en la cumbre de la montaña y yo no puedo ayudarla.
 
-No te disgustes, ésta no ha de ser la única pluma. Otros habrán hallado las demás y subirán a ayudarla.
 
-¿Y si todos piensan como tú?
 
Comprendiendo su error, el pájaro también se puso a meditar.
 
-¡Ah, ya sé! A veces he cantado donde termina el bosque y he visto que las cabras descansan al pie de la montaña; luego corren hacia arriba. ¡Seguro que ellas podrían llegar hasta la cumbre!
 
Esa misma tarde a la hora de la siesta, la ardilla y el jilguero estaban en la punta de una rama del último árbol del bosque. Miraban más allá del campo las primeras piedras de la montaña. Bajo unos árboles distintos a los suyos, se apilaban los lomos de las cabras azulados por la sombra.
 
-Yo no puedo atravesar este campo –dijo la ardilla. –Podría morderme una víbora o picarme una araña. Pero para ti será fácil volar hasta allá.
 
Al jilguero no le gustó la idea, pero no habiendo otra solución, accedió y fue a posarse en uno de aquellos extraños árboles, que eran más bajos y espinosos.
 
No todas las cabras dormían. El jefe vigilaba y al ver al intruso dio un salto gigantesco y corneó la rama en que se encontraba. Apenas tuvo tiempo el pájaro de levantar el vuelo.
 
La ardilla lo vio regresar batiendo presuroso sus alas, mientras muy cerca corría y brincaba el jefe de las cabras.
 
Muerto de cansancio y miedo aterrizó el jilguero junto a la ardilla. Tuvieron que sujetarse muy fuerte porque la indignada cabra daba saltos cada vez más grandes, arrancando con sus pezuñas pedazos de corteza.


 
Así estarían todavía, si no fuera por una voz muy severa que dijo:
 
-¡Qué vergüenza! –El viejo búho que todo lo sabe había llegado sorpresivamente y tomaba la palabra.
 
-¿Se puede saber por qué el jefe de las cabras ataca a dos indefensos animalitos?
 
-¡Han ido a perjudicar nuestro reposo! –protestó la cabra.
 
-¡Ah, sí! Ya conozco la impertinencia de estos jóvenes que no respetan el descanso ajeno. –Y miró de reojo a la ardilla que asentía de cabeza gacha.
 
-¿Y por qué lo hicieron? 
 
El jefe de las cabras no supo qué responder.
 
-Ya que no lo sabes, yo telo diré. Quieren sabersi eres capaz de subir a la cumbre de la montaña para preguntarle al águila blanca si está enferma.
 
-¡Por supuesto que soy capaz! –se jactó el jefe de las cabras. –Y ya mismo lo voy a hacer.
 
-Entonces los cuatro nos reuniremos en mi árbol mañana al amanecer –ordenó el búho. –Si tengo suerte, terminará esta locura.

 
Y dando por concluida la conversación, bostezó por su descanso interrumpido y selamentó que fuera demasiado tarde para dormir otro poco.
 
El búho tuvo suerte, la locura terminó. Todos supieron que el águila blanca estaba enferma de soledad. Claro que ya no, porque el jefe de las cabras va habitualmente a conversar con ella, demostrando que no está viejo para subir a la cumbre de la montaña. Y hablan de la ardilla, que come nueces
recostada en su pluma blanca, y de su amigo el jilguero, que ahora canta más dulcemente. Y hablan del viejo búho, preguntándose cómo es posible que todo lo sepa. Lo que no saben, es que ahora sabe una cosa más.

---- FIN ----








CUENTA CUENTOS LUNA --luna@cuentacuentosluna.es -- 636.484.174